Medio ambiente►La alternativa a la industria textil

Moda sustentable, la nueva militante

Por Candela Niesl e Ignacio Godoy

No es novedad que el interés por el cuidado ambiental crece cada vez más a escala mundial. El no contaminar, el reciclar, el tener una huerta en casa, son acciones que demuestran que la sociedad está tomando conciencia. Pero, ¿qué sucede cuando, a pesar de los cuidados individuales, las grandes industrias no se hacen cargo de su impacto negativo en el medio ambiente? ¿Qué lleva a las empresas internacionales a usar una máscara bajo la insignia “me importa” cuando en realidad su huella de carbono no solo perjudica la tierra, el agua y el aire sino también a una gran cantidad de personas?

 

Hace ya tiempo, la industria de la moda fue reconocida como este tipo de empresa, es por eso que, poco a poco, emprendedores independientes, movimientos populares (como ser el Fashion Revolution) se han ido propagando hasta llegar a los mercados, los negocios y los hogares de las personas. De esta manera demuestran que la moda puede alternar su sinónimo de consumo y obsolescencia para convertirse en un concepto renovado del cuidado ambiental. 


Tinte de cáscaras de cebolla
Foto cortesía: JARDÍN estampas

¿Qué es lo que hace a la industria de la moda una de las más peligrosas para el medio ambiente?

Antes de hacer referencia a la industria en sí, hay que comenzar por el principio: la producción de telas. Ninguna prenda puede cortarse, coserse y/o bordarse si no hay telas. Varias. De diversos colores, tamaños, texturas. 

 

El problema radica en cómo se tiñen dichos materiales fundamentales para la moda. Eso conduce a uno a pensar en industrias textiles, las grandes productoras del elemento básico para cualquier marca o diseñador. Pero, lejos de ser inofensivas, estas empresas son las primeras en causar un impacto negativo en su entorno, en apropiarse de las tierras para ir intoxicándolas con cada derrame o desecho químico innecesario. Cabe destacar, entonces, que estas sustancias tales como los alquifenoles, utilizados para el proceso de lavado y teñido y cuyos efectos son “tóxicos para la vida acuática, persistentes en el medioambiente y biocumulativos en los tejidos corporales” acorde a investigaciones realizadas por Greenpeace; o como los colorantes azoicos los cuales son conocidos por ser uno de los principales tintes utilizados por las industrias textiles y que, al degradarse durante su uso, “liberan sustancias químicas conocidas como aminas aromáticas, algunas de las cuales pueden causar cáncer al entrar en contacto con la piel” finalmente, entre otros tantos, cabe mencionar a los disolventes clorados y compuestos organoestánnicos los cuales no solo liberan tóxicos al medio ambiente sino que también perjudican la salud de aquellas personas que trabajan con estas sustancias, además, este último, de acumularse en el cuerpo, puede ser el causante de problemas inmunológicos y reproductivos. 

 

Para entender mejor el proceso químico de la industria textil que luego conduce a la de la moda, Greenpeace International publicó un informe que lo explica de forma clara y concisa. 

 

En primera instancia, las formulaciones químicas (las cuales contienen las sustancias ya mencionadas, entre otras) se manufacturan y se entregan a fabricantes de productos textiles, estos tóxicos, una vez cumplida su función, se descargarán en lugares como ríos o lagos lo cual afectará tanto los sedimentos de dichos cuerpos de agua como la vida y la cadena alimenticia de los seres vivos que habitan allí. 

 

En segundo lugar, se distribuirán todos los productos realizados. El problema no solo radica en la contaminación llevada adelante en la primera instancia, sino que no hay políticas ni medidas que limiten este accionar, todo lo contrario, estas impulsan a que los consumidores sean cómplices de este ciclo a través de la imposición de tendencias y la obsolescencia; lo cual conduce a que no solo el lavado de dichas prendas contamine aún más las aguas sino que aquellas “pasadas de moda” sean desechadas a vertederos en campo abierto. 


La situación en Argentina: nuevamente el Riachuelo

En Argentina, un caso muy visto e ignorado a la vez es el que acontece a los alrededores de la Cuenca Matanza Riachuelo ubicado en Buenos Aires, en donde varias industrias textiles se encuentran activas y, mediante sus desechos y derrames, no sólo continúan la contaminación del río sino también perjudican la salud de los vecinos.

 

Siguiendo las normas establecidas por el Plan de Saneamiento Ambiental (PISA), Fernanda Reyes, miembro del Consejo Directivo de Autoridad de Cuenca Matanza Riachuelo (Acumar), afirma: “hay un objetivo principal que tomamos que es dejar de contaminar, o sea el primer gran eje es dejar de contaminar y ¿cómo se hace eso? teniendo una política muy fuerte con los principales factores de contaminación: el cloacal y el industrial” a su vez, un empleado de Acumar estableció que el agua tiene un gran nivel de toxicidad, en otras palabras, carece de oxígeno o tiene niveles muy bajos “el tema de fondo son los asentamientos urbanos que están en el camino costero hacia el río, ahí está el principal problema: afluentes permanentes cloacal de, más o menos, casi 3 millones de personas. Una barbaridad. Y si a eso le sumás todo el factor industrial fabril hace también a lo que es la contaminación”. 

 

Además, a falta de las campañas de concientización con respecto al reciclaje o la reventa de prendas, estas se ven inutilizadas y luego desechadas en vertederos ilegales perjudicando, a su vez, nuevamente, a los vecinos de la zona. 


Y ahora, ¿quién podrá salvarnos?

Por suerte, varios individuos, emprendedores y pequeños comercios han tomado noción en cuanto a lo nocivo que resulta este tipo de negocios. Es por eso que, en el camino hacia una industria textil consciente, en Argentina, se pueden encontrar diversas variedades de proyectos particulares que se presentan como una alternativa más que válida a las grandes industrias. 

 

Un caso que no puede ser pasado por alto a la hora de hablar sobre textiles y estampas alternativas es el de Eugenia, creadora y dueña de la marca JARDÍN estampas. Dicho emprendimiento contradice al negocio tradicional ya que este, al producir en grandes cantidades, genera un gran daño al medio ambiente por los materiales utilizados y desechados en su elaboración. 

 

Eugenia cuenta que fue siguiendo un camino desde su infancia hasta llegar a lanzar su propio proyecto. Costumbres familiares y estudios académicos fueron los factores que la llevaron a involucrarse de manera activa con el mundo de la moda ecológica. JARDÍN estampas nace de “las ganas de crear y crecer en buena relación con el entorno socio ambiental y busca trabajar de manera saludable”. La joven mujer se inspiró en las diferentes culturas originarias de Argentina que fueron las primeras en incursionar y profundizar sobre los tintes naturales.

 

Cada una de sus prendas está hecha de forma artesanal, de principio a fin. Es un proceso extenso, que lleva su tiempo, y en el cual cada prenda va adquiriendo sus propias características de manera que no existen dos iguales. 

 

¿Qué la transforma en una marca ecológica? El tratamiento aplicado en el proceso de producción, “las telas son pre-lavadas para lograr que no se deformen con su uso, extendiendo su vida útil. El corte es realizado en pequeña escala, pudiendo acomodar las piezas de manera óptima para lograr el mínimo desperdicio posible, (...) las estampas y teñidos se realizan con materiales naturales y atóxicos”.  Los tintes son obtenidos de productos naturales vegetales, es decir, yerba mate, té negro, semillas de plantas, cáscaras de cebolla, etc. Además las telas seleccionadas para confeccionar las piezas provienen de tejidos reciclados o de los excedentes que desecha la propia industria textil convencional. De esta forma nada se desperdicia y se alcanza a extender la vida útil de las telas.


Otra propuesta diferente pero que adhiere al cambio en el entorno textil es la marca Chain fundada por Lucía, quien tomó conciencia de que la basura producida por una persona día a día genera pigmentos que sirven para poder teñir las telas vírgenes provenientes de la industria nacional. Los tintes son desechos orgánicos originados en la cocina, que se generan a la hora de cocinar, y por eso es que quiere vincularse con distintos restaurantes para realizar este tratamiento de residuos en grandes cantidades. Además, algo a destacar es que durante el proceso de teñido, utiliza el agua de lluvia para no gastar más de la que se ocupó en la producción de las telas que compra.

 

Lucía Chain comenta que en Argentina es muy difícil encontrar talleres en los cuales se trabaje de forma transparente y no haya explotación laboral, es por eso que su próximo desafío es establecer su propio taller textil, para poder brindar condiciones dignas a los empleados y, dentro del mismo, instruir acerca de las técnicas que utiliza. A partir de esto se desprende la definición de su marca: “Chain es transparencia, es compromiso, es honestidad, es sutileza, es simpleza, es origen”. Todas estas características son las que tienen que suplantar a las actuales en la industria textil, tanto nacional como internacional, para poder generar una verdadera conciencia de la contaminación que se produce a través del uso indiscriminado de sustancias y químicos nocivos para el medio ambiente.


Pero la moda sustentable, ¿es una alternativa económica frente a la moda tradicional?

A pesar de que Lucía Chain afirma que es un mito que las prendas sostenibles son más caras, al preguntarle a personas al azar qué piensan al respecto, se llega a la conclusión que se tiene poco conocimiento y un fuerte prejuicio sobre esta nueva tendencia que trata de dominar la industria tradicional. 

 

Al consultarle a una compradora que se encontraba en Zara, María Teresa de 50 años, ésta afirmó que prefería la marca a la cual estaba visitando y que, a su vez, la moda sustentable le parecía “hiponcha” y una “recolección de telas” que no solo no tenían diseño sino que no las consideraba “tan baratas”. Mientras tanto, se le preguntó a Caren, una joven veinitiañera, quien afirmó que prefería la moda sustentable porque le gustaba el hecho de que cuidaran el medio ambiente y, sobretodo, la vida animal. A eso le sumó que marcas como Uma o Vitamina las veía innecesariamente caras para lo que vendían. 

 

Frente a este caso no solo queda demostrada la diferencia de filosofía que una mujer tiene con la otra sino el nivel de conciencia con respecto a la nueva moda que busca establecerse en la sociedad. Mientras que María Teresa ve a estas marcas como una “recolección de telas”, Caren aprecia que dichos diseños tengan una conciencia ambiental y, por consiguiente, cuiden la vida animal. 

 

Es verdad que los precios entre un estilo de moda y el otro son controversiales. Al mismo tiempo que un sweater en Zara tiene un costo de $900, en JARDÍN estampas se encuentra $600 pero, a la hora de ver las remeras, es esta última la que sale perdiendo. De todas formas, el problema o lo fundamental no se encuentra únicamente en el cuidado del bolsillo. En palabras de Lucía “las prendas realmente se realizan. Son casi artesanías porque se hacen dedicándole muchísmo tiempo, muchísimo cariño y la verdad es que eso tiene un precio” además asegura que las prendas que se compran en los shoppings no cuentan con la transparencia de una marca de origen sostenible. 

 

Por consiguiente, luego de esta búsqueda, se puede llegar a comprobar que la moda sustentable va en crecimiento, considerándose una variante que busca establecerse frente al dominio de la industria de la moda tradicional en el mercado. A su vez, se presenta como una alternativa revolucionaria que puede llegar a cambiar no solo la manera de consumir objetos con fecha de vencimiento preestablecido, sino ser un ejemplo y una militante más por el cuidado del medio ambiente. 


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